Karen Torres Pereira era esa niña que le encantaba saltar sobre los pozos de agua en el centro de Tuis, la misma que jugaba a ser doctora con sus muñecas mientras sus padres trabajaban y que con tanta curiosidad conversaba por horas con los ancianos del pueblo.
A la edad de 17 años decidió dejar de lado los estudios y formar un hogar con su esposo Cristian, no obstante al nacer su primer hija Crizty, el recuerdo de aquella vocación que de niña había ido alimentando se reavivó, fue así como después de unos años regresó a estudiar. Inició y terminó sus estudios secundarios en el CINDEA de Tuis.
Había momentos en los que Karen se sentía en el salón de clase fuera de lugar, por su edad y sus responsabilidades en el hogar, sin embargo en vez de sabotearse así misma, se fortaleció, Y convirtió los obstáculos de su mente y de su entorno en oportunidades para crecer.
Karen: “Recuerdo cuando estudiaba de noche en la escuela de Tuis, cada vez que sonaba el recreo mis compañeros iban a comprar golosinas y disfrutar de conversaciones, mientras tanto yo corría hacia mi casa para darle pecho a mi bebé asegurándome que pudiera dormir con la pancita llena, después volvía corriendo otra vez al terminar el recreo para continuar en la clase.”
Cada una de estas experiencias se podrían ver como sacrificio, pero en realidad estaban formando el carácter de una de las mejores profesionales en el campo de salud de nuestro cantón.
Una vez que terminó la secundaria, tuvo enfrente otro gran reto, el continuar estudiando en la universidad, para esto junto a su esposo decidieron invertir todo lo que ganaban para que pagara su universidad en Cartago y reducir al máximo gastos del hogar.
El objetivo se logró y Karen se graduó con notas de excelentes.
Karen: “La universidad fue dura pero lo más duro era dejar a mi hija Crizty, había ocasiones en que la veía solo dormidita, pues llegaba a las 11pm a lavar, secar los uniformes míos y de mi hija a pura plancha después cocinarles para dos o tres días, guardar en la refri para que mi esposo calentara y volverme a ir a las 2:30am, porque cuando estaba en los campos clínicos tenía que estar en San José en el Hospital Calderón Guardia antes de las 6am.
Nada de esto hubiera sido posible primero que todo gracias a Dios y el apoyo incondicional de mi esposo quien durante el día trabajaba de encargado de una fica agricola y velaba por los cuidados de nuestra hija.
Esta mujer valiente que debió vencer el miedo de caminar en la oscuridad de la noche para llegar a su casa, rogaba a Dios cada vez que entre dormida y despierta pasaba junto al hospital William Allen en aquel ya tan habitual bus de las 10 de la noche.
Karen: Yo susurraba y le pedía a Dios que me ayudara para que un día pudiera trabajar en el hospital de Turrialba. Y de manera sobrenatural al terminar mi licenciatura como enfermera profesional, fui a una entrevista de trabajo y al siguiente día ya era parte del equipo de enfermeras del Hospital William Allen de eso ya hace 9 años.
Mi vocación es ayudar quien necesite, y aquellas personas que me conocen saben que ese fue mi objetivo desde un principio al iniciarme en esta hermosa carrera en el campo de la salud, es por eso que en mi pueblo cuando alguien necesita una curación o aplicar una inyección puede recurrir a mí y con mucho gusto lo hago pues me debo a mi comunidad.
Mi mensaje para cualquier persona que lea este reportaje sería que luche por aquello que sueña, con la consigna de que cada proceso por más difícil que parezca es necesario para formarte y ser mejor en aquello que sueñas hacer. Recuerden en que nunca es tarde para empezar lo que deseas hacer.
Karen Actualmente se desempeña como Jefe de Enfermería en el Hospital de Turrialba. Madre de dos hijas y un ejemplo de perseverancia, esfuerzo y humildad, así que cuando la veamos en nuestros barrios saludémosla con cariño, con el mismo cariño que sus ojos brillan cada vez que atiende un paciente en el hospital.
Todo es posible cuando crees.
